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Los muy comunes pecados de los sacerdotes

mujer poder_logoNADIA SANABIA

A ver… vamos a ver… hoy algunos se rasgarán las vestiduras… y otros simplemente dibujarán una sonrisa socarrona, moverán positivamente la cabeza y dirán… “sí Nadia, así es”.

Durante todo el día estuve analizando el tema del padre Gerardo Silvestre Hernández, señalado de pederastia. Platiqué con compañeros de trabajo, con compañeros reporteros, con familiares… y todos coincidimos en que resulta bastante chocante que la defensa de la Comisión Diocesana para la Investigación Previa de posibles Delitos de Clérigos tome acusaciones tan delicadas como “ataques públicos basados en rumores e infundios”. Puaf.

Gerardo Silvestre Hernández no está siendo señalado de robarse dulces… sino de abusar sexualmente de muchos menores de edad. Sólo por eso, la Iglesia, en lugar de defender atacando e intentando desacreditar los dichos, debería (no lo digo como Ministerio Público ni como juez, no lo intento) bajarle a la soberbia y practicar la humildad.

Si no se tiene nada que ocultar… ¿por qué responder así?

Ojalá y se compruebe que Gerardo Silvestre Hernández no abusó de ningún menor de edad. Porque todo el infierno no sería suficiente para que un sirviente de Dios pagara las lágrimas, el dolor que provocó en aquellos a los que lastimó… nadie merece ser violentado.

Curiosamente, conozco a uno de los párrocos que acusó a Silvestre Hernández porque sirvió en la iglesia de Pinotepa Nacional y, desde mi particular experiencia, es una gran persona.

Hasta ahí el asunto de Gerardo Silvestre Hernández. Pero sigamos con el tema de los sacerdotes y lo que sabemos de ellos.

Los respetamos, sí. Pero ¿quién no conoce a un cura con hijos, o con novia, o con negocios, con gusto por el alcohol o con gustos caros?

Sabemos pues que los sacerdotes no son perfectos y eso no significa que los desacreditemos como figuras de autoridad, pero es un hecho que no todos observan una conducta “intachable”. Es más, me atrevería a decir que NINGÚN clérigo, sea cual sea su jerarquía, puede ser tan disciplinado como para no ceder a las debilidades “humanas”… pues ni que fueran robots.

¿Quién no ha visto las joyas, los automóviles, las prendas, el estilo de vida que se dan algunos jerarcas de la Iglesia Católica?

Algunos, además, tienen vínculos de amistad con personajes de dudosa honorabilidad.

Relájense aquellos que están poniendo el grito en el cielo. Esto no es un ataque a la Iglesia. Esto es la verdad, y aun así los respetamos (algunos). No esperamos que sean perfectos. Pero tampoco abusen… Ya estuvo bueno (dijera Felipe Calderón).

¿Se preguntan por qué la Iglesia enfrenta una crisis de credibilidad?... ¿en serio se lo preguntan?

Por lo menos a nivel social hay un par de factores importantes. Primero, por las conductas que muchos sostienen: la afición a placeres por demás terrenales. Segundo, porque simplemente se cierran, niegan las evidencias y responden que “son ataques a la Iglesia”…

Párrocos: Ustedes NO son la Iglesia. Son parte de la Iglesia. Y algunos de ustedes le hacen más mal que bien a la Institución, porque desafortunadamente el poder corrompe hasta a aquellos bien intencionados que sólo querían entregar su vida a Dios… pero en el camino se descarriaron.

Cosas del poder.

 

 

*Directora editorial

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