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Ejército y narco. La sociedad

¿Alguien duda del involucramiento de miembros del Ejército Mexicano con los cárteles de la droga? Nadie.
Menos desde que en aquel aciago 2006 el panista Felipe Calderón Hinojosa definió que los mexicanos estábamos en guerra. Ya saben, contra los grupos del crimen organizado.


A todos los mexicanos nos queda claro que, para que las organizaciones criminales logren transportar las preciadas y venenosas cargas a lo largo y ancho del país necesitan del decidido apoyo de fuerzas federales, estatales, municipales… y ahora más que nunca de militares.
Esa historia se refuerza con la leyenda urbana aquella de que los “Zetas” son desertores del Ejército.
Para descargo, podemos incluir el hecho de que los mafiosos no aceptan un “no” como respuesta y, en ese sentido --quizá como el pretexto más creíble--, pues ¿qué otra cosa pueden hacer los militares buscados sino cooperar? Claro está que esa asistencia es recompensada en efectivo y, si las cosas se dan de la mejor manera, hasta en compadrazgos pueden derivar esas alianzas circunstanciales.
Se sabe que los delincuentes corrompen a todos los niveles, sin excluir de sus tratos a los altos mandos, sobre todo.
Se habla incluso de que los tentáculos de las mafias llegan a Los Pinos y que las muertes de los cercanos al Presidente tienen que ver con tratos no cumplidos. Son rumores fundamentados para algunos y completas falsedades para otros.
Con el cambio de estafeta del PAN al PRI en diciembre próximo también habrá acomodos en el Ejército y probablemente ese sea el asunto de fondo del auto de formal prisión dictado ayer contra Tomás Ángeles Dauahare, Roberto Dawe, Silvio Isidro Hernández, Ricardo Escorcia e Iván Reyna por el delito de delincuencia organizada con el objetivo de cometer delitos contra la salud.
Tomás Ángeles Dauahare, por cierto, aspiraba a ser secretario de la Defensa Nacional, pero hace algunos meses empezó a criticar duramente la estrategia calderonista de la guerra contra el narcotráfico por los pésimos resultados que presenta; impensable que un general haga eso… pero él lo hizo. No obstante, su peor error fue acercarse al candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto. La suerte estaba echada.
Sabemos que el Ejército, cuyas plazas militares suman 179 mil 964 en el país, no está exento de coludirse con el crimen. Pero que lo oficialicen es, sin la menor duda, un paso en falso.
¿Pues con quién se alió Calderón… o son sus socios?

Adiario - Oaxaca

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