Categoría: Editorial Publicado el Jueves, 21 Junio 2012 07:39
La decisión es impostergable. Los apasionados de la democracia caminaremos los siguientes diez días entre la ansiedad y el nerviosismo… será como revivir las últimas diez páginas de aquel libro artero que nos marcó --por la tensión que provocó en nuestro ánimo--.
La analogía no es ociosa. Estos diez días definirán la historia. Después, puede venir la mediocridad, el agravio, la grandeza, o sólo la necesidad de olvido. Lo único imposible es el deslinde. De esto somos parte todos, como actores o como desertores. Y nuestro papel estará ahí, inalterable y frio, en los números que enmarcarán el triunfo del próximo presidente y la derrota de los otros tres.
Volubles, los días se antojan a veces inacabables y otros supersónicos... el calendario no advierte, sin embargo, la angustia de aquellos que de manera irremediable nos sentimos responsables del futuro del país, aunque una interna e intensa risa socarrona, como música de fondo, se empeñe en burlarse.
No es más dulce que el nuestro, seguramente, la senda de los candidatos en éstos últimos días. Son las preocupaciones las que hacen la diferencia: nosotros queremos a los mejores, ellos, se empeñan en parecer los mejores para ganar.
En el fondo, casi cerca del abismo en el que pende México, candidatos y ciudadanos sabemos la verdad: en estos tiempos tristes, la democracia es el trámite de los intereses que mueven al mundo.
La tiranía de la mayoría no decide, sólo escoge de opciones ya aprobadas por otros. Pero la ilusión es necesaria en este México de curiosas apariencias y dolorosas realidades.
Sólo faltan 10 días.