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Oaxaca, la izquierda más radical - Jaime Velázquez

El panorama de la izquierda en el país, aunque perdió la Presidencia de la República, se ha colocado con una presencia notoria de los líderes más destacados del momento político nacional, a quienes envuelve, como si fuera un celofán en un regalo, Andrés Manuel López Obrador, irónicamente colocado entre la dualidad de haber sido el elemento de cohesión y empuje para que ganaran diputados federales, senadores y gobernadores, y a la par convertirse en el estorbo más grande si el bloque llamado Movimiento Progresista (PRD-PT-MC) quiere avanzar y consolidarse.


Me explico. Dentro de los próximos seis años, personajes como Marcelo Ebrard Casaubón, todavía gobernador de la Ciudad de México; Rafael Moreno Valle Rosas, gobernador de Puebla; Luis Graco Ramírez Garrido Abreu, gobernador de Morelos; y si aprieta el paso en resultados evidentes, Gabino Cué Monteagudo, mandatario oaxaqueño, tendrán la gran oportunidad de conformar el bloque que podría gobernar el país luego del paso de Enrique Peña Nieto por Los Pinos, porque todos ellos representan un modelo nuevo de hacer política, la modernidad de la izquierda que ha triunfado y tenido gran éxito en otros países, en tanto, las caras del tricolor locales y nacionales son las mismas podridas de siempre.

 


Por supuesto, todo dependerá de la cohesión entre esta corriente, la de la izquierda, su actuar político y las decisiones de sus integrantes, pero el horizonte está muy claro.

 

La referencia a López Obrador como un estorbo es el modelo tan radical que representa, el mesianismo impositivo, el cual sin duda hubiera convertido a Gabino en su empleado de haber ganado la Presidencia de la República. El “Peje”, porque sin el menor temor a equivocarme, le hubiera impuesto candidatos a presidentes municipales, diputados locales y, por supuesto, a su sucesor en el gobierno del estado.

 


El triunfo del PAN, en cambio, le habría dado mucho más maniobra al gobernador Cué, pero estaríamos todos los oaxaqueños aguantando a los diodoristas, incluido a Diódoro Humberto Carrasco Altamirano, metidos por todos lados.

 


De esta manera, lo mejor que le pudo pasar a Gabino fue el triunfo del PRI con Peña Nieto, porque siendo de origen adversarios políticos, cualquier acuerdo o acercamiento en positivo sumará a mejorar la relación, pero Cué puede tomar sus decisiones libre de presiones nacionales y locales.

 


En otras palabras, puede mandar a todos al diablo y armar sus esquemas de gobierno como le plazca, por eso era tan determinante el resultado electoral del pasado 1 de julio. El escenario local de los diputados federales y senadores quedó tan atomizado, tan disperso, que también puede el gobernador lograr trazar su propia ruta.

 


Porque si bien Oaxaca se pintó de amarillo con el avasallamiento de las izquierdas en el Movimiento Progresista, en la realidad ese bloque representa cuatro diputados de la corriente perredista Izquierda Democrática Nacional, tres de Nueva Izquierda, dos del Movimiento Ciudadano, dos del MULT,  dos de la Unión Campesina Democrática, así como un senador gabinista en Ángel Benjamín Robles Montoya, y otro quién sabe de dónde en Adolfo Romero Lainas.

 


Por el lado del PAN tiene Oaxaca dos diputado federales plurinominales con Víctor Rafael González Manríquez y Eufrosina Cruz Mendoza; y por el PRI cuatro diputados con Samuel Gurrión Matías, Martín de Jesús Vásquez Villanueva, María de las Nieves García Fernández, Alejandro Murat Hinojosa, así como un senador con Eviel Pérez Magaña.

 


¿Quién puede dialogar con todas estas expresiones y encauzarlas a una ruta común? Basados en la tendencia política amarilla, el gran éxito de las izquierdas, insisto, será lograr dejar su radicalismo, o bien, darle una ruta de empuje positivo y ahí es donde Oaxaca genera un potencial para ser proyectado en el plano nacional, porque hoy por hoy somos los más radicales en los posicionamientos políticos, y basta enumerar algunas organizaciones para demostrarlo sin discusión alguna: la Sección 22 del magisterio oaxaqueño con sus corrientes y puntales como el Ejército Popular Revolucionario, EPR, la Unión de Trabajadores de la Educación, UTE, la vinculación del magisterio con organizaciones sociales en el Frente Amplio de Lucha Popular, FALP.

 


En otros sectores están el Movimiento Unificado de Lucha Triqui, MULT; el Frente Popular Revolucionario, FPR; en fin, casi cada sector social tiene sus organizaciones de izquierda radical, por lo que en 2006 pudo conformarse el fenómeno más representativo de esa capacidad de radicalización de los oaxaqueños en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, APPO.

 


Este impulso o tendencia a ser radicales es extraordinario para la conquista de espacios políticos, pero totalmente inconveniente para poder gobernar; es decir, alebrestarse para ganar espacios es excelente estrategia, o una buena entre otras; pero al conseguir esos espacios, los radicales provocan ingobernabilidad.

 

Ese es precisamente el gran reto de la izquierda: consolidar los espacios de gobierno ya ganados, sobre todo en Oaxaca, porque la intensidad utilizada en la batalla, si ya ganaron la guerra, puede autoconsumirlos.

 


No sólo a nivel nacional, sino en nuestro estado, se requiere un líder capaz no sólo de dialogar con todos los actores, radicales y no radicales, sino subirlos a un mismo tren ¿Habrá alguien con esas características?

 

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